¿Desde qué lugar estás mirando?
Hay imágenes que, aunque las hayamos visto muchas veces, siguen teniendo la capacidad de detenernos y hacernos pensar. La imagen del 6 y el 9 es una de ellas.
Dos personas observan exactamente el mismo símbolo. Una afirma que es un 6; la otra sostiene que es un 9. Ambas están convencidas de tener razón y, desde la posición que ocupa cada una, ambas la tienen.
El problema no aparece por mirar de forma diferente. El conflicto comienza cuando confundimos nuestro punto de vista con la verdad absoluta.
No vemos únicamente lo que sucede
Cada persona observa la realidad desde su propia historia.
Miramos desde lo que hemos vivido, desde lo aprendido en la infancia, desde nuestras creencias, nuestros miedos, nuestras necesidades, nuestras heridas y también desde el estado emocional en el que nos encontramos en ese momento.
Por eso, ante una misma situación, dos personas pueden interpretar cosas completamente distintas.
Una palabra puede ser recibida como una crítica por alguien que se ha sentido juzgado durante gran parte de su vida. Para otra persona, esa misma palabra puede representar una ayuda o una invitación a mejorar.
Un silencio puede interpretarse como rechazo, indiferencia, respeto, prudencia o necesidad de reflexión.
El hecho es el mismo. Lo que cambia es el lugar interno desde el que lo observamos.
Cuando creemos tener la razón
La necesidad de tener razón suele aparecer cuando nuestra identidad se siente cuestionada.
En ese momento dejamos de escuchar para defendernos. Ya no intentamos comprender lo que la otra persona está diciendo, sino demostrar que nuestra interpretación es la correcta.
El cuerpo también participa en este proceso. Cuando nos sentimos atacados, juzgados o incomprendidos, nuestro sistema nervioso puede entrar en alerta. La respiración se vuelve más superficial, aumenta la tensión y nuestra capacidad para observar con amplitud disminuye.
Desde ese estado reaccionamos más de lo que reflexionamos.
Creer que tenemos razón nos aporta una sensación momentánea de seguridad. Sin embargo, también puede encerrarnos en una única manera de ver las cosas.
La rigidez comienza cuando pensamos:
“Si yo lo veo así, tiene que ser así.”
La consciencia aparece cuando podemos preguntarnos:
“¿Qué parte de mi historia está influyendo en mi manera de interpretar esta situación?”
Observar no es lo mismo que interpretar
Una de las prácticas más importantes del trabajo de consciencia consiste en aprender a diferenciar entre lo que realmente sucede y el significado que nosotros le damos.
Observar sería decir:
“Esta persona no ha respondido a mi mensaje.”
Interpretar sería pensar:
“No le importo.”
“Está enfadada conmigo.”
“Me está ignorando.”
La observación describe un hecho. La interpretación añade una historia.
Esto no significa que nuestras interpretaciones no tengan valor. Nos ofrecen información muy importante sobre nuestro mundo interno. Pero necesitamos reconocer que son una posibilidad, no necesariamente la única verdad.
Cambiar de posición
Cambiar de posición no significa negar lo que sentimos, renunciar a nuestros límites o dar siempre la razón a los demás.
Significa ampliar la mirada.
Podemos mantener nuestro punto de vista y, al mismo tiempo, aceptar que la otra persona está observando la situación desde una experiencia diferente.
Tal vez aquello que para nosotros es un 6, para el otro sea realmente un 9.
La comprensión no siempre surge cuando alguien gana una discusión. Muchas veces aparece cuando dejamos de luchar por tener razón y comenzamos a sentir curiosidad por lo que el otro está viendo.
Podemos preguntarnos:
¿Desde qué lugar estoy mirando esta situación?
¿Estoy observando el presente o reaccionando desde una experiencia pasada?
¿Qué emoción está condicionando mi percepción?
¿Qué podría ver si cambiara, por un momento, de posición?
La consciencia amplía la realidad
El trabajo de consciencia no busca ofrecernos una nueva verdad absoluta. Nos ayuda a reconocer que nuestra percepción está condicionada y que siempre puede ser ampliada.
No podemos vivir sin interpretar. Nuestro cerebro necesita ordenar y dar significado a lo que sucede. Pero sí podemos aprender a observar nuestras interpretaciones antes de convertirlas en certezas.
Esta imagen no es nueva. La hemos visto muchas veces. Sin embargo, quizá por eso mismo conviene volver a ella de vez en cuando.
Porque seguimos necesitando recordar que nuestro punto de vista es solo un punto dentro de una realidad mucho más amplia.
A veces no necesitamos discutir más.
Necesitamos respirar, detenernos y cambiar de posición.
La realidad puede ser la misma. Lo que cambia es el lugar desde donde la miramos.